Cristianismo y Sexualidad… Una experiencia personal

Por: Raquel Gaytán

En un país dónde casi todos a los que conoces son católicos o judíos, en mis 22 años de vida solo he conocido a otras 2 personas de mi edad que comparten mi religión. Desde pequeña fui educada con respecto al cristianismo, aunque intentaron de hacerlo mediante el catolicismo y no lo lograron.

Adán y Eva siempre han resonado en mi cabeza, el pecado siempre ha sido el leit motiv de mi educación en casa. Cabe mencionar que en este lado no existen las primeras comuniones, los bautizos son a cualquier edad de tu vida y básicamente no existen vírgenes ni santos. Entonces, básicamente aquí el único con quien entras en juicio es con Jesús.

Mi primer enseñanza, o la primera que yo recuerdo, (pongan atención aquí psicoanalistas), es el pecado de tener relaciones sexuales antes de casarte, el mayor pecado que puedes cometer, según mis enseñanzas (después me enteré que ante los ojos de Jesús todos los pecados tienen la misma gravedad). Entonces, yo crecí con esto siempre en mente, claro que de pequeña no lo ponían como relaciones sexuales, era “dormir juntos”. Para esto, yo tenía un mejor amigo, casi mi hermano, pasábamos todo el tiempo juntos y en un momento yo me quedé dormida alado de él. Al despertar, pensaba que había cometido el peor pecado de mi vida, porque dormí alado de un hombre (claro, él estaba jugando Nintendo mientras yo dormía así que no había nada sexual al respecto).

Al entrar a la pubertad no me llamaba la atención explorar la sexualidad. Ahora estudiando psicología entiendo por qué. Todos estaban en su auge, todos querían saber que pasaba. No me di cuenta de mi falta de interés hasta que fui a un campamento en 6to de primaria y veía que todas las niñas tenían depiladas sus piernas… excepto yo. Aparentemente ya era algo a lo cual poner atención, para verte mejor, para que en un traje de baño te veas atractiva. Yo no tenía idea.

Para esto, yo me relacionaba con puros niños, y los escuchaba sobre sus exploraciones sexuales, me daba risa incluso por como lo hablaban. Ahora, no es como que nadie me atraía, yo tuve mi primer año tan solo un año después de mis piernas no depiladas. Pero, aun teniendo novio yo no creía que si quiera fuera una posibilidad tener una vida sexual, aunque sea solo un beso, para mí era suficiente tomarnos de las manos.

Amigas incluso tenían miedo de contarme sus experiencias sexuales porque pensaban que yo las iba a juzgar, que entiendo por qué lo decían, yo hablaba constantemente sobre cómo no quería hacer esas cosas, pero jamás esperé que los demás siguieran mis convicciones. En ese momento me di cuenta que ya había crecido, así que decidí renovar mis pensamientos.

Al mismo tiempo, por mi edad, me empezaron a reeducar. “Recuerda que en esta edad todo se antoja, pero se tiene que creer en Jesús y orar por tu pareja para que cuando llegue, sea solo con él con quien tengas relaciones sexuales”. Ya no era dormir juntos, ya era tener relaciones sexuales.

Era tanta mi enseñanza sobre bloquear esos pensamientos, que en las clases de educación sexual en la escuela, había ocasiones en las que yo me salía, porque “¿por qué tendría que escuchar esto?”. Y por eso no supe que era el faje hasta que tenía como 17 años.

Ahora, muchos dicen que la religión se basa en culpa. Vengo a decirles que, es verdad. En estos momentos me da tristeza, me da tristeza que en lugar de disfrutar mi primer beso, sentí culpa porque “incluso el agarre de manos te lleva al sexo” era algo casi seguro, si te das un beso a fuerza tienes que llegar a la relación sexual.

Entonces, me decidí a ser la cristiana que desprobara esa hipótesis. Puedo tener novio, tener una vida “sexual” y no llegar a ningún tipo de sexo, ya sea oral, vaginal o anal.

Ya se podrán imaginar, que claramente no entendía el concepto de relación sexual.

Pocos años después, ahí me ven sentada en la computadora buscando según el cristianismo que es una relación sexual. Aquí no aplica el “ya no tienes himen, ya no eres virgen” aquí aplica el, “tuviste una reacción sexual, ¡ya no eres virgen!” Entonces entré en pánico porque resultaba que ya no era virgen, pero bueno eso me pasa por saltarme las clases de educación sexual.

Todos mis novios sabían que nunca sería una posibilidad tener sexo, mis amigos lo sabían, todos los sabían. Pero, para la universidad, volví a reevaluar mis convicciones. Nunca he dejado de ser cristiana, porque varios pensamientos sobre la religión quedan con como yo pienso como individuo. Pero, un día en la iglesia dijeron “Si son de los que están aquí porque creen algunas de las cosas sobre el cristianismo, pero otras no, entonces no vengan”. Ese fue el último día que fui a la iglesia.

Salto hasta el día de hoy. Yo creo que es posible ser de una religión sin tener que seguir TODAS sus enseñanzas, creo que es imposible y eso te lleva al fanatismo. Los balances son todo en esta vida, otra frase que resuena en mi cabeza. Como todo, me di cuenta hace unos meses que también ciertas cosas las tienes que mantener para ti misma, porque a mi me preguntaban mucho sobre mis convicciones, sobre todo con respecto a no tener relaciones antes del matrimonio y ahora creo que a veces daba mucho detalle porque hubo un momento en que usaron esa información para manipularme. Entonces, me di cuenta que hay cosas que son mejor quedarte para ti misma. Pero también sé que hay cosas que a nadie le incumben, como mis piernas no depiladas (hehe).

Ahora ya no siento culpa, y estoy mucho mejor educada. No dejo de tener una relación con Jesús, pero no juzgo a nadie que no siga mis convicciones, así como yo toda mi vida he querido que no me juzguen por no ser católica como casi todos, por no tener idea de que es una primera comunión. Para mí, lo más importante es pensar, y de eso se trata mi creencia, que todos tengan un criterio propio. Tener religión no es algo que tenemos que satanizar, el fanatismo por el otro lado…

Es broma, pero el punto es no irse a extremos y recordar que tener la mente abierta nos puede llevar a muchos lados en esta vida.

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