Disfunciones sexuales femeninas: ¿mito o realidad?

Por: Sofía Antón

12 de junio de 2018

Probablemente muchos se han preguntado si existe un tipo de “disfunción eréctil” en las mujeres. La respuesta es sí; sin embargo, la mayoría piensa que esta problemática solo la presentan los hombres.




Hablemos del Viagra. Le puedes preguntar a la gente común si conoce el medicamento Viagra y para qué sirve; te aseguro que la mayoría te responderá que sí. Hay artículos de revistas, programas deradio, anuncios de venta del producto, entre muchos otros, que describen la problemática de hombres con este padecimiento.

¿Existe una problemática equivalente que limite la capacidad de las mujeres para experimentar deseo sexual, excitación y placer? La respuesta es sí, pero como no es algo tan visible, no se habla de ello e incluso las propias mujeres ni siquiera reconocen cuando se encuentran en una situación de este tipo. He ahí la relevancia de poner el tema en la mesa “and start the talk”.




Parece que socialmente existe una carga o prejuicio para las mujeres que tienen alguna disfunción sexual. Es por ello que lo primero es reconocer que es un padecimiento más común de lo que se habla y que tiene causas múltiples. Los aspectos psicológicos de la sexualidad son fundamentales: el individuo es resultado de sus experiencias.

Asimismo es importante recordar que el disfrute y el placer femenino es algo relativamente nuevo; antes, las mujeres generalmente solo servían al hombre para darle placer. En muchas culturas existentes hoy en día, incluso se les ha removido el clítoris a las mujeres para que no sientan placer y que su única finalidad sea la reproducción. Ahora el placer en la vida sexual femenina juega un rol muy importante y debe ser promovido, ya que todos merecemos disfrutar del acto sexual y que no solo sea meramente con fines reproductivos.


Según Verónica Delgado (2014), las disfunciones sexuales femeninas son “una serie de síndromes en los que los procesos eróticos de la respuesta sexual resultan no deseables, recurrentes o persistentes”. En general, son una alteración en la respuesta sexual. Asimismo afectan de manera significativa a la persona, ya que puede interferir con sus relaciones y puede generar una experiencia poco placentera (Delgado, 2014).

Ahora bien, ¿cómo se clasifican estas disfunciones en la mujer? Éstas se clasifican de acuerdo al modelo de respuesta sexual de Helen Kaplan, quien propuso las siguientes etapas en dicha respuesta sexual: deseo, excitación, orgasmo y resolución. A partir de estas etapas, podemos clasificar las disfunciones sexuales de la siguiente manera:



  1. Disfunciones del deseo sexual

  2. Disfunciones de la excitación sexual

  3. Disfunciones del orgasmo

  4. Disfunciones del dolor

“La disfunción puede ser de toda la vida o adquirida, generalizada o situacional (limitada a una pareja o situación) y progresiva”. (Althausen, 2006)


Centremos nuestra conversación en la disfunción del deseo sexual, ya que es la más frecuente. El bajo deseo sexual se refiere a la ausencia o disminución del interés por el sexo y se expresa a través de lo siguiente:

  1. Pérdida de interés en tener encuentros sexuales

  2. Ausencia de pensamientos eróticos  

  3. Disminución o ausencia en la iniciativa de conductas eróticas

  4. No responder o rechazar las caricias eróticas de la pareja

Esto quiere decir que existe algún conflicto en alguno de los siguientes componentes del deseo sexual: biológico, cognitivo y mixto (Delgado, 2014). Algunas de las causas pueden ser  insuficiente lubricación vaginal, estimulación inadecuada, ansiedad y desórdenes de flujo sanguíneo.


Las causas de las disfunciones son muchas y pueden ser de origen biológico, psicológico o emocional, pero es importante reconocerlas a tiempo para prevenir que se sigan manifestando o para entrar en un tratamiento. Kaplan identificó la ansiedad como un factor importante que “interfiere con el funcionamiento del sistema nervioso autónomo y evita la excitación sexual fisiológica” (Sánchez Bravo, 2007).


Una manera de prevenirlas es adquiriendo una buena educación sexual y psicoeducación acerca de las disfunciones (de esta manera evitamos ideas erróneas o irracionales) y explorando el propio cuerpo para conocerse mejor (¡muy importante!). Para tratar alguna disfunción se puede acudir a terapia sexual o en algunos casos se puede llevar a cabo un tratamiento farmacológico.

Todo esto no quiere decir que le tengamos miedo a las disfunciones; no, al contrario, es algo muy común y si se prevee o se trata a tiempo, se puede evitar. De hecho, en el mundo, alrededor del 45% de las mujeres mayores de 18 años tiene algún problema en su vida erótica (Delgado, 2014). También es muy importante que esto no genere más angustia, ya que de esta manera será difícil tratar la disfunción.


Y por último… no hay que tener miedo a experimentar placer. ¡Todos merecemos disfrutar y sentir placer en la vida!

Referencias:

Delgado, V. (2014). Disfunciones sexuales de la mujer. En lo que todo clínico debe saber sobre sexología (pp. 25-48). Ciudad de México: Edición y Farmacia SA de CV.

Althausen, Melanie. & Varas, J. (2006). Disfunción Sexual Femenina, un desafío para la Medicina en el siglo XXI. Revista de Obstetricia y Ginecología Hospital Santiago Oriente Dr. Luis Tisné Brousse, Vol. 1 No. 2, pp. 121-129.



Sánchez Bravo, C., Carreño Meléndez, J., Espíndola Hernández, J.G. & Anzures Torres, A. (2007). Las Distintas Disfunciones Sexuales Femeninas y la Relación con Ansiedad Rasgo-Estado. Psicología Iberoamericana, Vol. 15 No. 1, pp. 52-59.

0 vistas