El amor en la palma de tu mano: redes sociales, una nueva concepción de relación.

Por: Mariana Beddoe, 2019.

Todos conocemos a algún amigo o amiga que ha descargado Tinder, Meetic, Grindr, Badoo, o alguna otra de estas aplicaciones que se han hecho famosas por permitir que la gente ligue y consiga encuentros sexuales con otra persona de manera casi instantánea.

En algunos círculos sociales es bien visto y apoyado que la gente busque una relación o interacción por medio de redes sociales, pero en muchos otros es desaprobado; mucho de esto tiene que ver con el bagaje cultural que tenemos y con la diferencia de edades y de ideas que nos sitúan en un contexto y época diferente, donde predominaban ciertos valores y cierta forma de educación, por lo que platicarle a nuestro padre o a nuestra abuela que tendremos una cita con alguien que jamás hemos visto cara a cara y que no conocemos más que por medio de una descripción de 120 caracteres y una foto que puede o no ser real, la respuesta que obtendremos puede no ser de aprobación. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de relaciones a través de redes sociales?, es decir, ¿qué se pierde o que se adhiere a esta nueva forma de interactuar?.


Las redes sociales han abierto un mundo nuevo para la comunicación que permite el intercambio instantáneo de todo tipo de contenido como información personal, fotos, mensajes, vídeos, contactos, etcétera. Han creado una nueva perspectiva para sobrellevar las relaciones de todo tipo, tanto laborales, como amistosas, románticas, familiares o sexuales (Guerrero, 2017).

En el tema de las relaciones amorosas y sexuales, siguiendo a Liébana (2015), el uso de nuevas plataformas como Facebook, Whatsapp, Instagram, Tinder y muchas otras, han modificado la manera en que la gente se conoce, interactúa y también el encuentro cara a cara y todo lo que viene después de esto, ejerciendo una clara transformación en cómo se viven las relaciones hoy en día en comparación con como habíamos sido educados a vivirlas de acuerdo a los recursos y el contexto de otras épocas; sin embargo, también han marcado una línea importante en la forma de pensar acerca de los sentimientos, las relaciones románticas y la sexualidad.


De acuerdo a Mc. Luhan (1964) citado en Laborda (2005), el hombre siempre ha tenido la necesidad de comunicarse con los demás y de expresar sus ideas y sentimientos; de manera que cuando aparece un nuevo medio de comunicación se crea una extensión de nuestros sentidos que promueve un cambio en la forma de percibir la realidad y por ende de relacionarnos con otros. Siguiendo a Laborda (2005), la comunicación digital ha creado cambios formales en la comunicación en las relaciones interpersonales.


Uno de los cambios que implican las redes sociales, de acuerdo a Caldevilla (2010) citado en Laborda (2005), tiene que ver con la suplantación de la identidad que permite aislarte de la realidad y mostrarle a ese nuevo mundo lo que te gustaría ser, de manera que podría pensarse que las plataformas ofrecen una oportunidad de vivir en una fantasía. Es por esto que es mucho más sencillo encontrar en Facebook o en Twitter opiniones crudas que parecen no tener ningún filtro o censura, y esto es porque la fantasía permite que la gente no tenga miedo a expresarse y demostrar quién es porque no existe un concepto de castigo o consecuencia concreto, ya que para cada quien esto es subjetivo. Esto puede llegar a poner en peligro a las personas ya que se puede perder la noción del “bien y el mal” y de lo peligroso que puede ser interactuar de manera tan abierta o libre con alguien que puede ser quien dice ser o puede no serlo en realidad.


Según Moscato (2014), la popularidad de aplicaciones como Tinder y LovePalz o Frebble, entre otras, se debe a que permiten conocer gente sin la presión o el juicio de estar en una cita como tal. Muchas de estas aplicaciones buscan también resolver el problema de las relaciones a distancia e incluso se han creado aplicaciones específicas para parejas homosexuales que buscan satisfacer necesidades específicas de cada “tipo de relación”, según se sabe de acuerdo a la cultura.


Las redes sociales han facilitado mucho el contacto e interacción, porque permiten mostrarse con más libertad ante otros, expresarse sin temor al juicio, explorar una interacción sin compromiso y con la idea de que no es “tan formal” o de que “puede terminar cuando sea sin implicaciones reales”, obtener placer o satisfacción de una manera inmediata si es lo que se busca, la liberación en la forma de vivir la sexualidad y proteger la intimidad individual resguardando las emociones. Sin embargo, debajo de todas estas características que marcan gran parte de nuestra cultura en las que buscamos obtener todo con inmediatez, se esconden elementos de los que poco se habla y mucho se fomenta mantenerlos ocultos (Liébana, 2015).

La inseguridad, por ejemplo, de acuerdo a Espinoza (2015), es un aspecto que se esconde debajo de esta nueva interacción por medio de las plataformas que permiten alterar nuestras fotos con filtros y herramientas que nos quitan “imperfecciones” según nuestro punto de vista o nos recortan de alguna forma específica que da un buen ángulo en la foto o incluso adelgazan o modifican de alguna forma que buscamos nuestra cara o nuestro cuerpo. Esto, deja que mostremos en este mundo de fantasía quienes queremos ser y cómo nos gustaría vernos. Todos en algún momento hemos escuchado una anécdota de alguien que tuvo una cita “a ciegas” y cuando se encontraba cara a cara con la persona esta no era como parecía en sus fotos, de manera que existe un engaño que lastima al otro, quien probablemente no buscaba una relación basada en mentiras y tenía otra idea de la interacción que estaba teniendo por medio de las redes sociales.


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Si bien, todo parte de la inseguridad de cómo conformamos nuestra imagen y nuestra identidad y todos los juicios que hemos formado de nosotros mismos con base en la cultura que nos dice lo que está bien y lo que está mal, tal y como: ser gordita, ser bajita, ser morena y tener el cabello pintado de color rubio, tener cejas muy anchas o muy delgadas, manos grandes o manos pequeñas, lunares en la cara o verrugas en el cuello, orejas grandes o pequeñas, etcétera. Nuestro contexto nos guía a buscar cómo mostrarnos ante el mundo según lo que este parece esperar de nosotros, pero las redes sociales siguen siendo un elemento que nos pone en contacto con todas las tendencias de moda y todas las tendencias que son rechazadas.


Un estudio de la Universidad de Michigan demostró que mientras más tiempo pasaban las personas en Facebook peor se sentían después. Psicólogos de la Universidad de Guelph en Canadá sugieren que el uso de Facebook no solo contribuye a la comunicación de la pareja, sino que también estimula el comportamiento celoso a un nivel obsesivo (Infobae, 2011). Así mismo, un estudio de CyberPsychology and Behavioral Journal menciona que se han contabilizado 28 millones de rupturas, las cuales le adjudican la culpa a plataformas como WhatsApp o Facebook (Laborda, 2005).

Definitivamente, las redes sociales implican una nueva concepción de las relaciones porque permiten expresar gustos, experiencias, opiniones e identidades según los límites con los que cada quien se identifique, de manera que para unas personas es válido y sencillo compartir información de su vida personal y familiar y para otros puede que las redes sociales sean únicamente para estar en contacto con amigos que ya se conocía de tiempo atrás o para compartir información superficial de su vida sin dar cuenta de la parte íntima y profunda.