La Droga Del Sexo

Por Alexis E. Reyna Flores

El sexo es de los más grandes placeres de la vida; esto hace que sea de las cosas más cotidianas, sin embargo también de las más codiciadas. A veces, se vuelve tan deseado, que no pensamos en todo lo que influye ni en lo que ocurre para que sea así. No obstante, es probable que el sexo sea de los procesos que operan desde que tenemos registro de una vida con un mayor nivel de complejidad.

Es tan eficaz que ha sufrido pocos cambios a lo largo de todo este tiempo; pero, sólo de manera reciente los seres humanos hemos logrado alterar y modificar la manera en que lo vivimos y lo experimentamos: las drogas. Éstas, nos permitieron acceder a un conjunto de sensaciones y experiencias que antes no se contemplaban; por lo que, impactaron en una gran cantidad de áreas de nuestras vidas (para bien o para mal). No obstante, un área donde suelen influir mucho es en el sexo.

Para algunas personas, las drogas fueron el puente que construyó un camino hacia el sexo; para algunas otras, al revés. Y, a primera vista, parecería lógico y evidente, porque ambas otorgan una gran cantidad de placer. Pero lo cierto es que dicha correlación va más allá del simple hecho de dar placer; dicha causalidad tiene una razón de ser porque ambos fenómenos afectan una misma área del cerebro y, en consecuencia, suelen complementarse muy bien en un antes, durante y después del sexo.

Todo empieza con la boca (?)

Mi intención es que al terminar de leer este texto, el lector tenga al menos una idea de qué es lo que ocurre dentro de su cuerpo durante estas fases del sexo, y el cómo ambas terminan relacionándose. Para eso, hay que explorar toda la parte de neuro y el cómo operan las drogas dentro del cuerpo y el cerebro.

Ahora, para tratar de cubrir la mayor cantidad de información, de la mejor forma y de la manera más sencilla posible, este texto se limitará a exponer lo general de dichos procesos. Esto significa que existen muchos detalles importantes que posibilitan las diferenciaciones individuales, junto con los distintos efectos y experiencias que podrían surgir de estas experiencias. Pero, para lograr comprender lo más posible estos elementos individuales, es necesaria la experiencia “común y general”. Dicho esto, empecemos con un poco de nuestros temas principales.

Hablar de sexo es complicado. No sólo porque aún en nuestra sociedad actual sigue cargando con cierto tabú; sino porque es un fenómeno en el que influyen tantos factores y elementos, que en el momento en que se tratan de en palabras, muchas veces quedamos cortos: por más que escribamos todo un libro acerca del sexo, eso nunca podrá compararse con la experiencia como tal. Por lo mismo, nuestro acercamiento partirá de comprender las fases fundamentales antes, durante y después de una pareja. Dicho esto, lo primero que hay que tomar en consideración es lo que ocurre antes del sexo.

Para que empiece todo este proceso primero tiene que haber un estímulo excitador. Al inicio, el estímulo debe ser percibido, esto significa que tiene que ser detectado por alguno de los cinco sentidos. Ya sea que veas a alguien que te gusta, que escuches una frase que te “prenda”, que sientas una caricia o el simple olor de tu pareja, todos estos son estímulos excitadores. Después, de acuerdo al tipo de estímulo y su intensidad (impacto y duración del estímulo) dependerá qué tanto te “prende”. No es lo mismo que sólo te digan una frase “caliente”, a que te estén narrando toda una historia erótica. Otro factor a tomar en consideración es que algunos estímulos tendrán mayor impacto de acuerdo a la persona y su cognición; es decir, el mismo estímulo puede no tener el mismo impacto en cada persona.

El alcohol también es una droga, y probablemente de la que causa más problemas…

Ahora, desde aquí las drogas ya pueden jugar un papel importante. En el momento en que un estímulo se perciba diferente, puede generar una respuesta sexual que en otras circunstancias no se habría dado. Por ejemplo, el efecto de un alucinógeno (LSD) tendrá como consecuencia la distorsión de los estímulos o, incluso, la aparición u omisión de nuevos. Sin embargo, las drogas que suelen tener un mayor impacto durante esta fase, son las que provocan afectaciones en el lóbulo pre-frontal. Este lóbulo, se encarga de muchas cosas como la cognición, el razonamiento y la inhibición de impulsos. Gracias a esta área del cerebro, existe una conducta social que se conforma de todas las distintas respuestas inhibidas y que consideramos no aceptables gracias a nuestro aprendizaje social. Cuando tienes muchas ganas de golpear a alguien o de ejercer tu deseo sexual, esta es la área que te ayuda mantener a raya dichas intenciones. Sin embargo, muchas de las drogas que se consumen afectan directamente esta área; lo que trae consigo que opere el día día de una manera mucho más mediocre. Si antes en una fiesta contenías y guardabas las ganas que le tenías a la otra persona, bajo el efecto de una de estas drogas, “te animas a hacerlo”. Aunque lo cierto es que “no es que te anime”; mas bien, tu inhibición no está para detenerte. Al haber expuesto lo anterior, probablemente la droga que más resuene con este tipo de escenarios es el alcohol: porque éste es un inhibidor del sistema nervioso. Es decir, su efecto en el cerebro, es el de irlo apagando. Las primeras áreas que afecta son el lóbulo frontal; y, cuando esto pasa, es el momento en que una persona se menciona que se encuentra “happy” y que todavía está dentro de control. Se encuentran happy porque no tienen encima un inhibidor que los esté limitando. Les da “la fuerza para hacer cualquier cosa, porque no está funcionando un lóbulo frontal que lo limite’”. No obstante, esto sólo funciona que una dosis específica de consumo de alcohol que sólo esté afectando este lóbulo. En el momento en que el alcohol empieza a afectar otras áreas del cerebro, tiene el efecto contrario y comienza a apagar el sistema nervioso, lo que trae como consecuencia que se apague el “mood” y todo el deseo sexual.

Una vez registrado e interpretado (el proceso de reconocer y darle significado al estímulo) el estímulo lo siguiente que ocurre es un proceso de activación general del sistema simpático, junto con una mayor distribución de las hormonas encargadas de activar toda la estimulación sexual. Esta parte en especifico es muy compleja, pero para ponerlo de manera breve se secreta testosterona y estrógeno, entre otros, en todo el cuerpo. También se liberan en el cerebro una gran cantidad de endorfinas, dopamina y serotonina; en conjunto, todos estos neurotransmisores son los que se encargan de producir el sentimiento de placer, satisfacción y felicidad durante el acto sexual. El momento de mayor liberación es durante el orgasmo, porque se libera una gran cantidad de dopamina por una ventana de tiempo muy corta.

No obstante, el sexo no es el único que puede secretar estos neurotransmisores: existe una gran cantidad de factores que afectan la producción de éstos, una de los más importantes son las drogas. Las drogas que son estimulantes, como la cocaína o el extasis se especializan en jugar con todos esos neurotransmisores.

Felicidad de fácil adquisición

Para comprender su manera de jugar, es importante conocer cómo se da el placer en el cerebro, y cómo esto puede generar una primera adicción. Cuando se se secreta cierta cantidad de dopamina, se activa un sistema que se llama “de recompensa”. Su nombre viene de que en el conductismo (una escuela de psicología), cuando buscaba reproducir la conducta de algo, se utilizaba una recompensa que lo estimulara a buscar nuevas cosas. De ahí que este sistema se llamara de recompensa porque opera desde un principio muy parecido: cuando se produce un estimulo placentero, este sistema lo registra y lo guarda junto con la experiencia que el sujeto vivió. Las drogas estimulantes, como las que acabo de mencionar, funcionan de tal manera en que afectan este sistema de recompensa; primero, crean un registro poderoso de la primera experiencia, después, cuando se desea un estimulo, es el sistema de recompensa el que entra en acción, posteriormente cuando el estímulo se consigue se libera cierta cantidad de dopamina por el mismo sistema de recompensa.

Posterior al acto sexual como tal, y la liberación de todos los neurotransmisores expuestos, lo que queda es la marca en el sistema de recompensa. Esta marca que promueve el deseo y el añorar el estimulo nuevamente. Pero lo interesante es el hecho de que una práctica abusiva del sexo, puede llevar a una situación similar a la adicción, en el sentido de que el sistema de recompensa empieza a exigir un poco más de lo normal el deseo, pero su respuesta frente al deseo ya se ha vuelto mucho más nula. Esto en parte, también se debe a que ante una enorme saturación de un estímulo, los neuroreceptores se encargan de ajustase a sí mismos de acuerdo a la cantidad de neurotransmisores que están expuestos; porque el sistema orgánico, la mayoría del veces, reciben enormes cantidades de dulces, y al estar de manera recurrente en esa situación, los dulces ya no producirán la misma sensación que antes, porque el receptor ya se ajustó a enormes cantidades de droga, cuando antes no lo usaba. Este fenómeno es el que produce que dentro de muchos adictos se digan que se van a salir, pero al final no lo terminen haciendo. Porque significa abandonar esta sensación de sentimiento más placentero, con el ajustarse a una realidad con mucho menos placer. Obviamente influyen una mayor cantidad de factores, pero principalmente el sistema de recompensa toma partido.

¿Píldora de la felicidad o de la pérdida?

Hasta este punto, y ya para concluir, ¿hasta qué punto el sexo también es una droga? porque tiene afectaciones e impactos en lugares muy similares. Mi respuesta sería que nuestra forma de abordar la sexualidad, y en consecuencia el sexo, ha recaído en una versión mucho más utilitaria y de satisfacción personal. La mayoría de los casos no tenemos sexo porque queremos que la otra persona lo disfrute (¡A eso debemos aspirar!); sino que se busca el de qué manera esto me va a dar placer. Y, desde ese lugar, no se diferencía de una droga tanto. Porque tienen fines y objetivos muy similares, pero con medios diferentes. Lo importante, al final, es que tratemos de cambiar nuestra forma de vivir, y percibir la sexualidad, de un lugar de utilidad, y más a una de unión y aceptación hacia uno mismo y el otro.

Referencias: «Alcohol’s Effects on the Body | National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism (NIAAA)». http://www.niaaa.nih.gov. Consultado el 1 de mayo de 2019 Palmer RB (2012). Medical toxicology of drug abuse : synthesized chemicals and psychoactive plants. Hoboken, N.J.: John Wiley & Sons. p. 139. ISBN978-0-471-72760-6.

Salamone JD, Correa M (8 November 2012). “The mysterious motivational functions of mesolimbic dopamine”. Neuron. 76 (3): 470–485. doi:10.1016/j.neuron.2012.10.021

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