Lo que nadie te dice sobre las pastillas anticonceptivas…

Por: Alejandra Danel

Casi todas las mujeres alguna vez hemos escuchado sobre los anticonceptivos hormonales. Sabemos que existen las pastillas, el parche, el implante, la inyección… En fin, sabemos que tenemos mucho de dónde escoger.

Hace cinco años decidí junto con mi pareja intentar alguno de estos métodos, y el más sencillo supusimos que eran las pastillas: son fáciles de conseguir, no son muy caras y te las tomas todos los días (lo cual para mí es más fácil que estar cambiando, por ejemplo, un parche o un anillo). Ambos quisimos empezar a cuidarnos de esta forma y fue por eso que comencé a ir con una ginecóloga, muy recomendada por cierto. Al momento de la consulta me evaluó, y me dijo que sin ningún problema podía tomar anticonceptivos hormonales, y me prescribió unas pastillas en específico: dijo que esas eran las mejores para mí. Cuando abrí el paquete me llamó mucho la atención que prácticamente cada pastilla era de un color diferente: unas amarillas, otras azules, otras blancas, etc., y nadie (ni mi ginecóloga) me explicó para qué era cada una o simplemente por qué eran de diferentes colores. Con todo y las dudas, empecé a tomarlas y continué el tratamiento por un año. Después mi ginecóloga decidió que mejor las cambiara por otra marca (tampoco explicó por qué). Evidentemente debido a su expertiz le hice caso y seguí el tratamiento aproximadamente por dos años y medio más.

En todo este tiempo empecé a ver cambios en mi cuerpo: subí de peso, mi periodo era igual o más abundante que antes de comenzar el tratamiento (supuestamente las pastillas ayudan a reducir la cantidad de flujo), había meses en los que me bajaba 4 días y otros en que me bajaba hasta 8 o 9, tenía ganas de comer todo el tiempo (no era hambre, eran ganas de comer), estaba sin energía 24/7, y los cólicos seguían igual (también supuestamente las pastillas ayudan a que los cólicos no sean tan fuertes). En el momento que me di cuenta de todo esto decidí cambiar de ginecóloga, sentía que me estaba viendo la cara y rara vez contestaba mis dudas cuando se las hacía. Esta nueva doctora me volvió a cambiar la marca de pastillas (también sin explicarme la razón) y con estas nuevas me bajó 30 días seguidos. No era normal.

Cada vez que le preguntaba a mi doctora ella contestaba que “mi cuerpo se está acostumbrando, no pasa nada”. Después de unos meses me recetó otras nuevas porque “mi cuerpo ya no estaba reaccionando bien a las anteriores”, por lo que nuevamente le hice caso a su experiencia y las cambié.

¿Tienes idea de la cantidad de hormonas que estaban dando vueltas por todo mi cuerpo? ¿Tienes idea de los efectos que esto tuvo en mi estado de ánimo? ¿Por qué nunca obtuve respuesta para todas mis dudas?

Con todo esto, solamente he hablado de cambios físicos que mi cuerpo tuvo durante el proceso, pero eso no fue lo peor… Mi estado de ánimo durante el tratamiento (tres años y medio) estuvo MUY grave. Todo el tiempo estaba sensible, de mal humor, lloraba por todo y literalmente me peleaba con mi pareja un día sí y un día no. Además, mi deseo sexual estaba por los suelos. Ya nunca tenía ganas ni de darle un beso, y cada vez que él intentaba algo yo le decía que no quería y ponía cualquier pretexto: no quería ni tocarlo, lo cual evidentemente empezó a verse reflejado en nuestra relación. Queríamos buscar la solución a nuestras diferencias y nada funcionaba por más que intentáramos. Para los dos estaba siendo un proceso mucho más complicado de lo que habíamos imaginado, y fue muy desgastante. Ah, pero eso sí, teníamos sexo sin condón porque “#SeSienteMejor”.

¿Realmente valía la pena estar el 90% del tiempo enojada con él (y obvio él conmigo) y el otro 10% teniendo sexo sin condón porque “#SeSienteMejor”? DEFINITIVAMENTE NO.

En un momento dado tuve una pelea fuerte con mi pareja, y él mencionó que tal vez estos malos humores, arranques y sensibilidad excesiva podrían ser resultado de las pastillas y me preguntó si no prefería dejar de tomarlas. Sin pensarlo dos veces le dije que sí, que ya no quería tomarlas. Tuvimos toda una conversación al respecto y como pareja decidimos que tal vez deberíamos darle un descanso a tanta hormona, y las dejé de tomar… ¿Y qué crees? SANTO REMEDIO.

Y con todo este rollo… ¿Cuál es el punto? Te lo cuento para que te informes sobre lo que te estás metiendo al cuerpo, y decidas cuál es la mejor opción para ti. Pregunta y exige una respuesta. Definitivamente tomar hormonas es desgastante porque el cuerpo tiene que recibirlas y asimilarlas como propias, entonces es todo un proceso. Hay personas que tienen que tomar anticonceptivos hormonales por cuestiones médicas, por ejemplo como tratamiento para el acné u ovarios poliquísticos, lo cual es completamente normal y válido pero eso no le quita los efectos secundarios, y no dejan de ser hormonas ajenas a las que produce el cuerpo. Ningún tratamiento vale la pena si no estás siendo tú misma. Es DE FLOJERA no sentirte tú, estar enojada TODO el tiempo, y que no te caliente ni el sol (en todos los sentidos…). Yo ni siquiera podía verme en el espejo, me odiaba a mí misma por ser tan enojona y creía que era un problema totalmente mío y no lo era.

Disfrutar de tu vida sexual con tu pareja no implica que tengan sexo sin condón. El placer va mucho más allá: empieza por siquiera tener el deseo, cosa que yo perdí por completo en el transcurso del tratamiento. Ahora llevo ya un año y medio sin tomar pastillas, y con toda seguridad puedo decir que es la mejor decisión que he tomado, y mi relación con mi pareja y conmigo misma está mejor que nunca.

Por favor infórmate y la decisión que tomes hazla por ti, porque es lo que a ti te conviene. Si no te sientes segura de tomar anticonceptivos hormonales no lo hagas, y si notas algún efecto que no consideres normal, SIEMPRE consúltalo con tu médico.

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