Y con ustedes señoras y señores…el anafrodisaco más potente (redoble de tambores) …. EL MACHISMO.

Por Aliza Tawil

Sí, así como lo lees, la cultura machista y sexista es el antídoto más eficaz contra el sexo placentero tanto en hombres como en mujeres (aquí no se discrimina por sexo).

“Virgen hasta el matrimonio”, “Qué van a pensar de ti tus papás si se enteran”, “¿Cómo vas a ir a comprar condones? ¡qué pena!”, “Finge un orgasmo… no vaya a creer que no te satisfizo”, “No te toques ¡eso es del diablo!”, “No te comas el pastel antes de la boda”, “Si tienes relaciones ya no te va a desear”, “Es una puta se va con todos”, “Tu no te preocupes, él va a saber qué hacer y qué te gusta”.

“Tengo que tener iniciativa”, “Debo tener el control de la situación y enseñarle”, “Tengo que durar no mucho pero no poco”, “Siento que no tengo tanta experiencia como debería”, “Ups! Termine muy rápido… qué pensará de mi”, “¿Cómo sigues siendo virgen a tu edad? Yo te voy a llevar a un lugar…”, “Que puto que no cogiste”, “Tu insiste…afloja fácil”, “Con condón no se siente igual”.

¿Te identificaste con alguna de las frases? Pues todas esas frases son machistas y me imagino que no te costó mucho trabajo identificar cuales corresponden al género masculino y cuáles al femenino.

La sexualidad es un estado de bienestar físico, emocional y mental que requiere de la posibilidad de tener experiencias seguras y disfrutables. Como lo puedes notar, es muy difícil que esto suceda teniendo en mente todas las ideas sexistas que nos rodean.

Seguramente te estarás preguntando de dónde vienen todos esos juicios tan dañinos. Aquí una explicación: todo lo que hacemos las personas de forma cotidiana es regulado por las reglas culturales o normas sociales reforzadas por el grupo al que pertenecemos (amigos, familia, compañeros de trabajo, profesores etc.). Estas reglas generan “verdades” en nuestros cuerpos, identidad y forma de relacionarnos que también, aplican en las relaciones sexuales.

Una de las normas sociales de la sexualidad que asumimos como certeza incuestionable es la doble moral sexual, por la cual, los hombres son socialmente recompensados por tener actividad sexual, mientras que, las mujeres son denigradas por participar en estas mismas actividades.

Algo no tiene mucha lógica aquí, ya que, para que un hombre participe en actividades sexuales, necesita de una mujer, a menos de que sea homosexual. Es imposible que los hombres tengan mucho sexo y las mujeres nada de nada .

Esta doble moral sexual es perjudicial para hombres y mujeres. Los hombres son presionados a demostrar su virilidad y muchas veces, implícitamente, se exige que esta demostración sea a través del comportamiento sexual. Es por esto que, el hombre “debe” dejar a un lado sus deseos, emociones y lo que le hace sentir placer por probar su masculinidad frente a sus pares o frente a la mujer.

En nuestra cultura, los hombres son educados para “rendir” y “conquistar” y estas dos ideas les pueden causar mucha presión al tener relaciones sexuales. La actividad sexual se vuelve una meta, un medio para demostrar lo “machos” que son. Así mismo, puede haber mucha ansiedad y baja autoestima si no se llega a los estándares dictados por la sociedad.

A las mujeres les hace daño porque son reducidas a su cuerpo como objeto del deseo sexual masculino, se limita su libertad sexual y su seguridad, pues al tener que ser “pasivas”, no se sienten responsables de entender qué es lo que les da placer y cómo deben cuidarse. Muchas mujeres se sienten presionadas a no usar preservativos debido a la demanda del hombre y a que ellas deben ser “complacientes”. (¿Te sigue sorprendiendo por qué hay tantos embarazos adolescentes en nuestro país?)

Es por las razones mencionadas que los hombres no se permiten ser tiernos y receptivos y las mujeres no se permiten ser activas sexualmente, tener múltiples parejas sexuales, iniciar su vida sexual al mismo tiempo que los hombres o tener sexo sin compromiso. Ojo, no intento decir que las mujeres deben tener sexo y los hombre no, sino más bien, que el cuándo, dónde y cómo se inicia la vida sexual, es una decisión personal y diferente en cada persona que no debe ser juzgada.

Ya hablamos de las malas noticias, tocan las buenas: todas estas concepciones de lo que se debe o no debe hacer en la cama (regadera, cocina, baño del avión o lugar de su preferencia) no tienen nada que ver con la naturaleza o lo biológico. Son sociales y culturales, por lo que, se pueden cambiar. Es importante de-construir y cuestionar estas ideas todas las veces que sea necesario para vivir una sexualidad satisfactoria, libre de culpas y preocupaciones.

Ahora, te toca actuar… seas hombre o mujer, habla del tema con tus amigxs, novix, familiares, cuestiónense e intercambien opiniones. En el momento que estés cachondo con alguien (y haya acabado la cuarentena) la comunicación es la clave. Pregúntale qué le gusta a la persona sin prejuicios, pero también, dile qué es lo que te gusta a ti, intentando dejar a un lado esta doble moral.

Referencias:

Larrañaga, E., Yubero, S. & Yubero, M. (2012). Influencia del género y del sexo en las actitudes sexuales de estudiantes universitarios españoles. Summa psicológica, IX(2), pp. 5-13.

Szasz, I. (1999). Algunas reflexiones sobre la sexualidad de los hombres a partir de los estudios de masculinidad. Salud Reproductiva y Sociedad, III (8), pp. 7-9.

Instituto DMAH. (2019). Guía básica del buen aliado. marzo, 17, 2020, de De machos a hombres Sitio web: https://demachosahombres.com/masculinidadespositivas

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