En muchas sociedades es común que los menores duerman en el cuarto o en la cama de lXs madres y padres. Aún en países desarrollados se calcula que alrededor que el 75% de los menores de cinco años duermen con sus padres (Haffner, 1999).

 

 

En este sentido es conveniente sugerir, cuando es posible, límites más adecuados para la privacidad en los hogares. Los padres tienen lógicamente una vida erótica frente a los menores y a pesar de creer que éstos siempre duermen, no es así. Los menores se despiertan y se dan cuenta de la vivencia erótica de la pareja, lo cual, en general, no es recomendable para su desarrollo sexual.

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